martes, 11 de octubre de 2016

 Fresca y elegante susurraba entre mis oídos mientras yo esperaba que algo cayera sobre ella, como aquellos pianos de película en plena mudanza. No voy a matarla, no es mi alma la que pide saciar la venganza, son todos aquellos hombres que sostienen las guadañas de mi desconfianza mientras el otro alboroto tonto irrumpe en la sala. La venganza volverá y yo no voy a estar para atenderla. Me aterra el inminente verano, las hormigas atacando mi mesada, el festejo obligatorio, la sonrisa falsa. El golpe repetitivo de la cama de mi vecina contra la pared. Y los ladridos de Candela, Y de Luisa, y de los hombres y mujeres que bordean la calle, en búsqueda de lo ajeno. Me arrancaré las amígdalas, y te haré un collar de carne para que cuelgue sobre tu pecho frío y eterno para que me recuerdes, como lo estás logrando en este momento.. Nacerá una luna sobre tu espalda blanca y crecerá, crecerá y crecerá hasta taparte toda mientras chorrean caniches de tus mejillas. Aroma de albahaca y nuez. De romero y sándalo. De maderas ahumadas y de lluvia rencorosa. Me visto y me voy.

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